El acero inoxidable (INOX) destaca especialmente por la resistencia a la corrosión, pero también por la tenacidad, la elevada resistencia mecánica y una estética extraordinaria. Por sus excelentes propiedades, este material ofrece numerosas posibilidades de uso, aunque también plantea unas exigencias especiales a las herramientas abrasivas.
¿Qué es la corrosión?
La corrosión es un proceso de degradación natural, electroquímico o químico de los metales debido a su reacción con el entorno. El material se ve afectado durante el proceso y se destruye parcial o totalmente.
La corrosión, especialmente en las aplicaciones industriales, provoca considerables pérdidas económicas, ya que perjudica la funcionalidad, seguridad y larga vida útil de los componentes.
¿Es la corrosión lo mismo que el óxido?
No exactamente. El óxido es una forma específica de corrosión que se genera al reaccionar el acero de baja aleación o sin alear con el oxígeno y la humedad. Por el contrario el acero inoxidable se corroe de otra forma.
En el caso de INOX, los especialistas hablan más bien de corrosión intergranular, corrosión en fisuras o corrosión con agujeros —según la causa y su manifestación—. La mayoría de las veces, el óxido —como residuo marrón y poroso— aparece en el acero inoxidable solo cuando la superficie está contaminada o dañada.
¿Cuándo aparece la corrosión?
Muchas veces, la corrosión en acero inoxidable aparece si se daña la película protectora de óxido de cromo de la superficie, por ejemplo, debido a influencias mecánicas, esfuerzo térmico o partículas extrañas como el polvo de hierro. También los medios agresivos, como los cloruros o las sustancias ácidas, pueden afectar a la capa pasiva.
Un desencadenante típico: herramientas abrasivas o de cepillado que arrastran partículas extrañas o modifican la superficie debido a una elevada aportación de calor.
¿Por qué debe evitarse la corrosión?
La corrosión no solo empeora la apariencia, sino también la integridad técnica y la higiene de un componente, algo especialmente crítico en sectores sensibles como la industria alimentaria, la industria médica, la fabricación de aparatos o la industria química.
Puede provocar faltas de estanqueidad, pérdida de funcionalidad o, en el peor de los casos, fallos relevantes para la seguridad .
¿Qué tipos de corrosión existen?
La corrosión se presenta de diferentes formas en el acero inoxidable en función del esfuerzo, del material y de las condiciones ambientales:
- Corrosión con agujeros: perforaciones puntuales de la superficie, casi siempre desencadenadas por cloruros.
- Corrosión en fisuras: en espacios intermedios estrechos, por ejemplo, debajo de juntas o elementos de fijación.
- Corrosión intergranular: a lo largo de los límites del grano, especialmente, tras un esfuerzo térmico inadecuado.
- Corrosión por contacto (corrosión galvánica): si el acero inoxidable entra en contacto con metales menos nobles.
- Corrosión superficial: degradación metálica uniforme en superficies más grandes.
Cómo puede evitarse la corrosión 1:
Utilización de la herramienta abrasiva correcta
El primer paso para evitar la corrosión comienza con la selección de la herramienta adecuada. Al mecanizar acero inoxidable, es decisivo utilizar únicamente las herramientas abrasivas previstas para ello — en PFERD TOOLS reconocibles por la designación INOX o STEELOX, así como por el pictograma correspondiente.
Otro factor importante es la aportación de calor. Un calentamiento excesivo puede dañar la capa pasiva protectora sobre la superficie. Por este motivo, únicamente deberían utilizarse herramientas desarrolladas para el acero inoxidable con el grano más grande posible o un abrasivo de alto rendimiento con forma de precisión, por ejemplo, VICTOGRAIN.
Cómo puede evitarse la corrosión 2:
Trabajo limpio durante la aplicación
Durante el mecanizado también se puede hacer mucho para evitar los problemas de corrosión. Trabaje siempre con una mínima presión de apriete y con movimientos oscilantes, especialmente, en caso de componentes de pared fina. Así evitará las decoloraciones debidas al calor.
Las herramientas abrasivas utilizadas previamente en acero no pueden utilizarse en acero inoxidable. Las partículas de acero adheridas podrían transferirse a la pieza de trabajo y, por tanto, provocar corrosión más adelante. También el polvo de amolado o las chispas deberían reducirse al mínimo posible en la pieza de trabajo. Las chispas deben orientarse en sentido contrario a la pieza de trabajo y el polvo de amolado debe eliminarse.
Cómo puede evitarse la corrosión 3:
Paso directo al acabado
Tras el lijado basto no debe perderse tiempo innecesariamente: pase de inmediato al acabado. Esto ayuda a garantizar la calidad de superficie deseada y evitar otras influencias sobre la capa pasiva.
Pero si al desbastar aparecen decoloraciones o huellas de oxidación, estas deben eliminarse con una pasada de lijado fino a continuación. Y para finalizar: ¡limpiar a fondo! Cualquier mecanizado mecánico deja residuos tras de sí y, en el caso del acero inoxidable, es imprescindible eliminarlos para restablecer la resistencia a la corrosión.